Il 23 gennaio 2018 è morto Nicanor Parra. Un paio di anni prima è morto il professore di letteratura latino-americana che ha aperto per me un mondo – la cui apertura era facilitata da una predisposizione antecedente qualsiasi obbligo universitario – destinato a restare un rifugio, avulso da elucubrazioni scientifiche, privato da analisi meccaniche, oasi intoccabile ed illibata di sano rapporto con il letterario, ormai reso sempre più imposssibile dalla coercizione imposta dalla distorsione tecnica.
Nicanor Parra, fratello di quella Violeta di cui la semplicità di accenti quasi archetipica ha saputo rivelare la profondità del sentimento amoroso, ma ben diverso da lei, imbevuto dell'ironia sconcertante e straniante che è l'unico e forse il più eccelso e accorato modo con cui i poeti hanno saputo esprimere il viscerale e sofferto amore per una vita nel fondo impossibile da detenere.
Sono molti i nomi che si affastellanno nella mia mente leggendo questa poesia, molte le donne morte cantate come allegorica scusa nei secoli. Tuttavia, non farò altro che lasciare la nuda poesia, aggiungendo che la traduzione, molto scarsa in verità rispetto all'ordine e all'accuratezza ritmica e rimica dell'originale, è avvenuta tardi proprio perché soy una mujer de energía.
La poesia fa parte della raccolta Poemas y antipoemas, Santiago del Chile, Nacimiento, 1954, da cui è tratta. La traduzione è mia.
Es olvido
Juro que no recuerdo ni su nombre,
Mas moriré llamándola María,
No por simple capricho de poeta:
Por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
Ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del liceo
Al volver una tarde del liceo
Supe de la su muerte inmerecida,
Nueva que me causó tal desengaño
Que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
Si he de conceder crédito a lo dicho
Por la gente que trajo la noticia
Debo creer, sin vacilar un punto,
Que murió con mi nombre en las pupilas,
Hecho que me sorprende, porque nunca
Hecho que me sorprende, porque nunca
Fué para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
Nunca tuve con ella más que simples
Relaciones de estricta cortesía,
Nada más que palabras y palabras
Y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
sólo queda un puñado de cenizas),
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
sólo queda un puñado de cenizas),
Pero jamás vi en ella otro destino
Que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fué así que hasta llegué a tratarla
Con el celeste nombre de María,
Circunstancia que prueba claramente
La exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡Quién es el que no besa a sus amigas!
Puede ser que una vez la haya besado,
¡Quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa
Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aun, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la quería
Sino con ese vago sentimiento
Con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,
Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día
De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale más una hoja enmohecida,
Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un día azul de primavera,
Creo que moriré de poesía,
De esa famosa joven melancólica
No recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
Como una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa
Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aun, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la quería
Sino con ese vago sentimiento
Con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,
Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día
De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale más una hoja enmohecida,
Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un día azul de primavera,
Creo que moriré de poesía,
De esa famosa joven melancólica
No recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
Como una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.
***
È oblio
Giuro, non ne ricordo
neanche il nome
Ma morirò chiamandola
Maria,
Non tanto per capriccio
di poeta:
Per il suo aspetto di
piazza di provincia.
Che tempi! Io, uno
spaventapasseri,
Lei, una giovane pallida
e incupita.
Una sera, tornando dal
Liceo
Seppi della sua morte
immeritata,
Notizia che mi deluse al
punto tale
Da versare una lacrima
al sentirla.
Una lacrima, sì! E chi
lo avrebbe detto!
E ciò perché sono un
tipo energico.
Se devo dare credito al
racconto
Della gente che dava la
notizia,
Crederò, senza
tentennamento alcuno,
Che è morta col mio nome
dentro le pupille,
Fatto che mi sorprende,
perché per me
Non fu mai niente
d’altro che un’amica.
Con lei non ebbi altro
che rapporti
Semplici e di mera
cortesia,
Niente più che parole e
altre parole,
Qualche volta
intercalandoci una rondine.
La conobbi al mio paese
(del mio paese
resta soltanto un pugno
di cenere),
Ma non ho visto mai
altro destino in lei
Che di una giovane
triste e pensierosa.
Fu così tanto vero che
arrivai
A darle il celeste nome
di Maria,
congiuntura che riprova
con chiarezza
la precisione esatta
della mia dottrina.
Può darsi anche che io
l’abbia baciata,
- Chi è quello che non
bacia le sue amiche! -
Però considerate che
l’ho fatto
Senza capire bene che
facessi.
Non negherò che mi
piacesse, questo sì,
La sua vaga e
immateriale compagnia
Che era come lo spirito
pacifico
Che ai fiori domestici
ravviva l’anima.
E non posso occultare in
alcun modo
L’importanza che ha
avuto il suo sorriso
Né snaturare l’influsso
favorevole
Che pure effondeva sulle
pietre minime.
Aggiungiamoci poi che
della notte
Furono i suoi occhi
fonte fededegna.
Ma è necessario che
nonostante tutto
Comprendiate che non
l’amavo, io,
Se non con lo sfumato
sentimento
Con cui un parente
infermo si designa.
Senza dubbio, senza
dubbio può succedere
Ciò che adesso mi
meraviglia ancora,
Questo aneddoto inaudito
e strano
Di morire col mio nome
dentro le pupille,
Lei, multipla rosa
immacolata,
Lei, che era una lampada
perfetta.
Ha ragione, ha ragione
assai la gente
Che passa giorno e notte
lamentandosi
Che il mondo traditore
in cui viviamo
Vale meno di una ruota a
terra.
Molto più onorevole è
una tomba,
Vale di più una foglia
bagnaticcia,
Niente è vero, qui non
permane niente,
Non il colore del
cristallo attraverso cui guardiamo.
Oggi è un giorno azzurro
di primavera,
Credo che morirò di
poesia,
Della nota giovane della
malinconia
Non ricordo più neanche
il nome.
So solamente che è
passata in questo mondo
Come una colomba
fuggitiva:
Senza volerlo l’ho
scordata, lentamente,
Come tutte le cose della
vita.
| Marc Chagall, Ritratto di Vava, 1950 |
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